José Racowski
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7 min de lectura

Cómo presentar a un comité y salir con una decisión

Cómo presentar a un comité para obtener una decisión en la misma sesión: siete diapositivas, títulos que afirman y la conversación previa con quien decide.

Gerente presentando una propuesta frente a un comité directivo sentado alrededor de una mesa de reuniones

Cuarenta y una diapositivas. Ese fue mi récord personal.

Cuando era gerente pasé un domingo entero armando una presentación para el comité. Tenía el diagnóstico, tres años de datos, la comparación con la industria, el detalle del proceso actual y el del proceso propuesto. Me daban veinte minutos.

Me interrumpieron en la cuarta lámina. Contesté, volví, perdí el hilo, salté tres láminas para recuperar tiempo. En el minuto dieciocho, el director de Operaciones preguntó: "¿y qué necesitas de nosotros?". Esa respuesta faltaba en todo el archivo. La improvisé, sonó a menos de lo que en realidad necesitaba, y él dijo lo que dice un comité cuando le falta lo necesario para decidir: "mándalo por correo y lo vemos la próxima".

Seis semanas después el tema volvió al comité. Lo llevó otra persona, con una página. Se decidió en once minutos.

Durante mucho tiempo me expliqué eso de la forma cómoda: la agenda estaba cargada, el comité no entendió la complejidad técnica. Lo que había pasado era más simple. Yo armé un informe, y ellos necesitaban una recomendación. Son dos objetos distintos con destinos distintos: uno se lee, el otro se vota.

Contra qué compite tu presentación

Un comité evalúa una sola cosa: si puede decidir con lo que le pusiste enfrente. Las personas que están en esa sala tienen muchos temas ese día, buena parte de ellos ajenos a su área, y la pregunta que se hacen mientras hablas es si tienen lo suficiente para votar.

Ahí aparece el mecanismo que casi nadie considera cuando prepara: el aplazamiento es la decisión por defecto y es gratis. Decir "lo vemos la próxima" tiene costo cero para quien lo dice. Nadie se expone, nadie se equivoca, la reunión avanza. Si tu estructura deja abierta la puerta de "revisémoslo con calma", el comité camina por esa puerta casi siempre.

El segundo mecanismo tiene que ver con el orden. La misma evidencia, con la conclusión al principio, produce una discusión sobre la recomendación. Con la conclusión al final, produce una discusión sobre los datos, que se come el tiempo y llega al minuto diecinueve sin haber hablado de qué hacer. Cambias el orden y cambias el tema de la conversación.

Y hay un tercer mecanismo, más incómodo: cuarenta diapositivas suelen ser una señal de que todavía te falta decidir qué recomiendas. El volumen funciona como sustituto del criterio, y el comité lee esa señal antes de que la digas.

Las siete diapositivas para presentar a un comité

Barbara Minto, consultora de McKinsey, formalizó en The Minto Pyramid Principle una regla simple: la conclusión va primero, y todo lo que viene después existe para sostenerla. La pirámide de Minto se volvió un estándar de la consultoría estratégica y sigue siendo contraintuitiva para cualquiera que aprendió a escribir informes técnicos. Si quieres ver cómo se aplica a otros formatos, revisa estos ejemplos de presentación ejecutiva.

Aplicado a un comité, ese principio cabe en siete láminas. Cada una responde una pregunta que la sala tiene aunque nadie la formule. Todo lo que queda fuera de estas siete preguntas va al anexo.

1. La recomendación. ¿Qué me estás pidiendo que decida? Una frase declarativa con la acción y la razón dominante. Si necesitas más de una frase, todavía tienes un tema en lugar de una recomendación, y ese problema se arregla volviendo al análisis.

2. El problema y su costo. ¿Por qué esto está en la agenda hoy? Cuantificado y con fecha. Sin una cifra, tu tema queda imposible de comparar con los otros de la sesión, y lo que no se puede comparar se pospone.

3. La evidencia. ¿Cómo lo sabemos? Una sola lámina, con el dato que sobreviviría a un ataque en público. Cuatro láminas de datos invitan a cuatro discusiones sobre datos.

4. Las opciones evaluadas. ¿Qué más se consideró y por qué se descartó? Tres o cuatro opciones, incluida la de no hacer nada con su costo. Esta es la lámina que más gerentes se saltan y la que más aplazamientos evita, porque si el comité no ve las alternativas, las inventa en voz alta, y una alternativa inventada en la sala llega sin análisis y con opinión.

5. El plan y lo que cuesta. ¿Qué implica hacerlo? Tres o cuatro hitos, costo total, y un dueño con nombre propio. Sin ese nombre, el plan se lee como una intención.

6. Los riesgos y su mitigación. ¿Qué puede salir mal y quién lo controla? Dos o tres riesgos reales, cada uno con su mitigación y su responsable. Nombrar tus propios riesgos antes de que los nombre el comité cambia quién controla esa conversación.

7. La decisión pedida. ¿Qué necesito de ustedes hoy y para cuándo? La decisión concreta, quién la toma, la fecha y los tres primeros pasos si se aprueba. Si hoy es imposible decidir, el cierre correcto acuerda quién decide, con qué información y en qué sesión.

La prueba que revela si funciona

Escribe cada título como la conclusión de esa lámina, en lugar del rótulo del tema. "Resultados del piloto" rotula. "El piloto bajó el tiempo de atención un dieciocho por ciento en tres sucursales" afirma. En consultoría estratégica se les llama títulos de acción, y marcan la diferencia entre una presentación que se entiende leyendo los títulos y una que necesita al presentador para significar algo.

Después lee en voz alta solamente los siete títulos, en orden. Si suena como un argumento que lleva a una decisión, la presentación está lista. Si suena como una tabla de contenidos, eso es exactamente lo que el comité va a escuchar.

Lo que ocurre fuera de la sala

Falta la parte que queda fuera del archivo. Ningún miembro de un comité decide en público algo que descubre en público. Frente a una recomendación nueva y con sus pares mirando, la respuesta segura es pedir más información. Por eso una presentación que llega totalmente fría a la sesión tiene el aplazamiento incorporado, aunque el contenido sea impecable.

La corrección son quince minutos con las dos o tres personas que más pueden bloquear o habilitar la decisión, antes de la sesión, con una frase directa: "voy a llevar esto al comité del jueves, quería mostrártelo antes por si hay algo que estoy sin ver". Escuchas la objeción con tiempo para incorporarla, y esa persona llega a la sala habiendo pensado el tema. Hay una regla de orden que evita casi todos los problemas: tu jefe es siempre la primera de esas conversaciones. El método completo para esas conversaciones previas está en decidir antes de la reunión con pre-acuerdo.

Ahí está la asimetría que define quién consigue decisiones. La mayoría de los gerentes pone casi todo el esfuerzo en el documento y muy poco en la conversación previa y en el pedido explícito. Los que salen de los comités con decisiones lo hacen exactamente al revés, y sus presentaciones parecen fáciles desde afuera porque la mitad del trabajo ocurrió antes de que empezara la reunión.

Tu análisis probablemente es bueno. El problema suele estar en que la única cosa que ese comité puede hacer con cuarenta diapositivas es posponerlas.

En la Comunidad de Gestión y Liderazgo trabajamos estas presentaciones con casos reales, semana a semana: la plantilla de las siete diapositivas, el ejercicio de títulos que afirman, y sesiones donde los miembros traen su presentación antes de llevarla al comité.

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