José Racowski
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4 min de lectura

Cómo aplicar Dejar de hacer para empezar a dirigir

Convierte dejar de hacer para empezar a dirigir en una práctica gerencial concreta para decidir mejor, alinear a tu equipo y sostener avances durante la.

Gerente y equipo revisan una práctica de trabajo concreta

Entender dejar de hacer para empezar a dirigir aporta poco si el lunes todo sigue igual. El trabajo gerencial empieza cuando conviertes la idea en una conducta visible, aclaras quién participa y acuerdas cómo revisarás lo que ocurra.

Si quieres conectar este tema con un marco más amplio, revisa el pilar sobre gestión aplicada. También puedes consultar los recursos de liderazgo para trabajar situaciones relacionadas.

Convierte la idea en una práctica

¿Reconoces esa incomodidad de ver cómo otro hace lo que tú harías mejor? ¿Cuántas veces, recién ascendido, sentiste que perdías algo justo cuando se suponía que habías ganado?

Baja la conversación a un caso reciente. Pregunta qué ocurrió, qué decisión estaba pendiente y qué efecto tuvo sobre el trabajo. Evita las etiquetas generales porque dejan al equipo sin una conducta que pueda cambiar. Una descripción precisa permite acordar una respuesta concreta y comprobar después si funcionó.

Diseña un primer movimiento pequeño

Lo que casi nadie nombra es que dejar de hacer lo que dominabas para dedicarte a dirigir es, literalmente, soltar una parte de tu identidad profesional. Y toda pérdida, incluso una que viene con un ascenso, pide un duelo.

Como gerente, tu aporte está en ordenar el problema antes de pedir más esfuerzo. Define qué parte controla el equipo, qué depende de otra área y qué necesita una decisión tuya. Esa separación reduce discusiones circulares y evita cargar a una persona con obstáculos que pertenecen al sistema.

Alinea expectativas con el equipo

El lente personal. Soltar lo que dominabas te devuelve a una sensación que tenías olvidada: la de ser principiante. De golpe pasas de ser el experto al que todos consultan, a ser alguien que no sabe bien cómo dar un feedback difícil o cómo manejar un conflicto. Esa caída de la competencia a la torpeza es incómoda, y muchos la evitan refugiándose en la tarea vieja. El duelo, aquí, es aceptar que vas a ser malo en algo nuevo por un tiempo, después de años de ser bueno en lo anterior.

Escribe el estándar en lenguaje simple. Debe indicar qué resultado esperas, qué límites deben respetarse y cuándo conviene escalar. Si cada integrante interpreta algo distinto, la ejecución dependerá de adivinanzas. Un criterio compartido permite actuar con autonomía y pedir ayuda a tiempo.

Revisa evidencia y ajusta

El lente del oficio nuevo. Dirigir es una profesión en sí misma, con sus propias habilidades: leer personas, dar feedback, tomar decisiones con información incompleta, sostener a otros. Cuando dirigía equipos, lo que más me costó al principio fue aceptar que ser excelente en mi tarea anterior no me hacía automáticamente bueno en esto, porque era un oficio distinto que tenía que aprender desde abajo. La incomodidad que sientes es la señal de que estás cruzando hacia un oficio que todavía no dominas, no la prueba de que el ascenso fue un error, y se aprende como cualquier otro, practicándolo.

Cierra la conversación con un siguiente paso, un responsable y una fecha. Después revisa evidencia: decisiones tomadas, trabajo terminado, errores que volvieron o dependencias abiertas. El seguimiento sirve para aprender, corregir el mecanismo y sostener el compromiso.

Qué puedes hacer esta semana

Elige una situación real, escribe el criterio que usarás, asigna un responsable y fija una fecha de revisión. Conversa con las personas involucradas y ajusta el mecanismo a partir de lo que observes. Así conviertes una idea útil en una práctica que el equipo puede sostener.

El curso de formación para gerentes puede ayudarte a convertir este criterio en una práctica consistente. En la Comunidad GL puedes contrastar tu caso con otros gerentes y preparar el siguiente paso con mayor claridad.

Convierte la revisión en aprendizaje

Reserva un momento breve para revisar el efecto de la práctica con el equipo. Pregunta qué cambió en el trabajo, qué parte del acuerdo resultó difícil de aplicar y qué decisión sigue pendiente. Recoge ejemplos observables y evita evaluar el resultado a partir de impresiones aisladas. Si el mecanismo ayudó, documenta la conducta que conviene repetir. Si creó una fricción nueva, ajusta el alcance, el responsable o la cadencia antes de abandonarlo. Esta revisión también permite distinguir un problema de diseño de una falta de claridad. Comparte lo aprendido con las personas afectadas y deja una fecha para comprobar el siguiente ajuste. La continuidad convierte una prueba puntual en una forma de trabajo más confiable.

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